Eduardo Abel Giménez

Por Silvia Portorrico y Uri Gordon

Eduardo nos recibe en su departamento de Belgrano.

Eduardo nos recibe en su departamento de Belgrano.

Es domingo. Eduardo vive en Belgrano, en un departamento clásico, con muchos libros y mucho espacio. Afuera llueve con intensidad. La tarde se oscurece más rápido de lo previsto. Uri se apresura a comenzar con las fotos para no perder la luz natural. Eduardo posa divertido para la cámara. Es, sin lugar a dudas, un hombre serio al que le gusta jugar.

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El living: lugar de reunión y trabajo.

¿Te sentís bien en esta casa?

Tiene una carga emotiva porque fue la casa de los últimos años de mis padres, pero no fue la casa de mi infancia. Viví en Ramos Mejía. A veces sufro el desarraigo por no tener acceso al barrio de la infancia y miro con envidia a la gente que vuelve a vivir donde vivió de chico. Mis padres se mudaron en el noventa y seis y desde entonces no vuelvo a Ramos, se perdió. Lo veo como una pérdida, me gustaría poder estar ahí.

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Té delicioso para empezar la charla. “Son la marca registrada de mis talleres”, cuenta Eduardo.

¿Te viniste a la capital por un tema de trabajo?

No, siempre la vida es más complicada que eso. Yo me casé joven y me fui a vivir a Ciudad Jardín con mi primera esposa. Cuando me separé, decidí mudarme a Palermo. Para mí era como ir a París, al gran mundo. Así fue que me mudé a la capital y me hice porteño.

(A Uri) ¿Me tengo que correr para que saques la foto?

Uri: No hace falta, vos seguí conversando como si nada.

Es que me entretiene lo que hacés.

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El Pato Donald, uno de sus personajes favoritos. “Aprendí a leer con las revistas de Donald”.

¿Te gusta la fotografía?

Sí, me gusta mirar. Siempre me divirtió sacar fotos pero solo como hobby y ni siquiera con un buen equipo.

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En tu blog El día D, subís fotos interesantes.

El laburo de curador de fotografía me gusta. Metí muchas fotos mías en mi blog personal pero de caradura. Cuando compré mi primera camarita digital estaba fascinado por ver los pixels en la pantalla. Hacía recortes de las fotos para que se viera la deformación que generaba la cámara digital, que en la película no existe. En la pantalla se podían ver los pixels, eso me divertía mucho, totalmente ajeno a la calidad fotográfica. El monitor en macro tiene unas texturas lindísimas. En los monitores de tubo se hacían construcciones locas. Me gusta experimentar.

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Tuve una vez una Minolta que me prestó un amigo y estoy orgulloso de ese préstamo porque me la llevé a Colonia y le saqué unas fotos a Mario Levrero. Éramos muy amigos. Esas fotos de Mario Levrero son las que circulan por todos lados. La mayoría de las veces nadie sabe quién las sacó porque yo le di una copia a la familia y ellos las distribuyeron después de la muerte de Jorge (Levrero). Las fotos que quedaron de él son esas que saqué un día de febrero del noventa y uno en su casa en Colonia.

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¿Viajaste mucho?

Más o menos. Tuve dos periodos cortos de viaje en mi vida. Justo estuve pensando sobre esto con respecto a mis novelas. Te voy a hacer la relación porque lo estuve pensando. Vos me preguntás por los viajes y tiene que ver. Cuando era chico hice mis primeros viajes de exploración, el viaje de egresados, un campamento al sur, al Parque los Alerces. A mi viejo le gustaba ir de vacaciones recorriendo varias provincias. Después dejé de viajar, solo iba de vacaciones a la costa.

Mi segunda tanda de viajes empezó en el noventa y uno, cuando fui a España. Luego vinieron Nueva York y Montreal. En el noventa y tres fui a Colonia, en Alemania, París, Londres, de vuelta pasé por España y ahí se acabó mi segunda época de viajes de exploración. Lo que pasa es que conocí a mi segunda esposa que es alemana y se vino ella para acá. Lo que hice a partir de ahí fue ir a Alemania, ni siquiera a conocer nada, íbamos a Colonia, de donde es ella. Estuvimos diez veces por lo menos, pero hacía de baby sitter, charlaba con mis suegros, con los amigos. Una sola vez hice una escapadita corta a Irlanda y a la República Checa. Esos son todos mis viajes. Hace poco estuve en el Chaco, en el Foro de la Fundación Mempo Giardinelli. Estos son viajes profesionales, pero viajes de exploración, los dos que te conté. Eso fue todo.

Ahí caí en la cuenta de que mis novelas las escribí entre el ochenta y cuatro y el noventa y dos. Después dejé completamente de escribir hasta hace poco que volví a escribir novelas entre 2010 y 2012.

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Es decir que avanzás por etapas definidas y distantes entre sí.

Sí, en sesenta años tuve dos rachas de viajes que suman cuatro años y otras dos rachas cortas de escritura. Es una parte ínfima de mi vida, contada en años, claro. No en intensidad.

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¿Y qué hiciste el resto del tiempo?

Mirá, la cosa más linda que me dijo mi hijo respecto a mí, además de que me quiere y esas cosas, no hace mucho, fue: “Lo que me gusta de vos, pa, es que cambiás mucho de actividad, no te quedás en una cosa”. Mi hijo está por cumplir diecinueve años. Y sí, cambié mucho, realmente hice muchas cosas diversas y no me quedé. Será una reacción a mi viejo que fue bancario toda su vida y después se jubiló y diez años después de jubilarse escribió la historia de Ramos Mejía.

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“Lo que me gusta de vos, pa, es que cambiás mucho de actividad, no te quedás en una cosa”.

Es que tenés diversidad de intereses . Por ejemplo, la música.

Sí. En el primer campamento que hice alguien me enseñó a tocar un par de acordes en la guitarra. Y ahí empecé a darle y a darle y no paré. Autodidacta. Traté dos veces de ir a un conservatorio pero no resultó. Estuve dos años cada vez, y aunque quería hacer la carrera entera, no pude. Entre el setenta y siete y el ochenta y dos tuve un dúo con una cantante que actualmente sigue cantando, Cecilia Gauna. En aquel entonces hacíamos canciones mías en guitarra, flauta dulce y canto. Y grabé un par de casetes -eran casetes en esa época- de música instrumental, en el estudio que tenía Lito Vitale. Esas cosas se pueden escuchar en mi blog, donde se puede bajar mucha música:http://www.magicaweb.com/weblog/para-bajar/

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Y después de eso hice un segundo intento de ir a un conservatorio, al municipal, y ahí me agarraron seriamente con la técnica clásica de los instrumentos, en particular con la flauta dulce. El profesor, capo de la flauta dulce en Argentina con la técnica holandesa, me dijo que lo que yo hacía era un desastre, que tenía que empezar de nuevo. Y me desanimó de tal manera que dejé de tocar la flauta y también dejé la guitarra. Me dediqué a la música de computadora y de allí pasé a sintetizadores, a experimentos de laboratorio. Yo no soy tecladista pero uso el teclado para hacer música con la computadora. Después estuve añares sin hacer música y en 2007 hice canciones para chicos con una cantante, Silvana Broqua. Algunas están en el blog y eran parte de los proyectos que tenía con Fundación Telefónica, hasta que cerraron todo.

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Eso impactó en Imaginaria ¿verdad?

Sí. En Imaginaria la verdad es que nos cansamos de no tener plata, nos agotamos. Fueron muchos años, primero a pulmón, después contratados por la Fundación Telefónica, pero eso se acabó a fines de 2010. Todavía seguimos, pero ni Roberto (Sotelo)ni yo sabemos encontrar auspiciantes, ni plata, ni nada. En Telefónica nos habían encontrado ellos a nosotros. La idea es seguir cada tanto publicando algo.

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Eduardo recibió dos veces el premio Pregonero.

Hace poco publicaste tu segundo libro de poesías. ¿Siempre escribiste poesía?

No, también fue por periodos. Yo escribía poesía de chico, pero lo dejé. Escribí muchas letras de canciones, sin buscar un verdadero trabajo poético. Sí buscaba que dijeran cosas, que fueran letras elaboradas. Siempre fui muy consciente de la escritura, así que mi cosa poética pasó por las letras de canciones, por la música. Incluso deliberadamente no escribía poesía. Empecé mi blog en 2002 y escribí muchísimo en esos años. Escribía mucha cosa tipo diario, muchos cuentos cortos, microficción, muchos textos que ahora vengo rescatando como poemas. Yo los escribía en prosa de corrido, me negaba a estar escribiendo poesía. Ahora me digo a mí mismo que eso era poesía. En esa época comencé a hacer algunas grabaciones experimentales incluyendo la voz, diciendo estos textos . Y un día me dije: “Uno de estos días voy a escribir un párrafo en prosa como siempre, lo voy a cortar en versos y voy a decir que es un poema”, pero me parecía que iba a ser trampa. Y está escrito en mi blog, como un poemita burlándose de la poesía. Después lo hice, agarré mis cosas escritas en prosa y las corté en versos e hice poesía.

Eduardo Abel Gimenez - 8702 ¿Y por qué esa resistencia a escribir poesía?

Me daba pudor, no lo puedo racionalizar mucho. En el Chaco participé en la mesa sobre poesía, en el Foro de Lectura de la Fundación Mempo Giardinelli, y terminadas las ponencias hubo preguntas de los asistentes. Alguien preguntó: “¿Arjona es poesía?”. Y dije: “Sí, por supuesto, no toda la poesía es buena o mala”. Tus ojos o antes de eso Como agua ya son cosas escritas deliberadamente como poesía, para que nadie dude de que es poesía, empezando por mí mismo.

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Regalos de los chicos de las escuelas.

Pero fijate que yo te reconozco en el género solo con leer El día D. Ahí estás haciendo poesía.

Sí, gracias, es deliberado. Eso lo veo como poesía, sin querer ser pretencioso, yo entiendo que en un sentido estricto no lo es, pero hay una actitud poética y es deliberada, aunque a veces recurro a frases hechas. En ese caso la frase hecha juega con una imagen y hay una actitud poética que no queda solo en la palabra. Aunque es medio contradictorio porque yo estoy por la separación de géneros.

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“Dábale arroz” es el nuevo emprendimiento de Eduardo. Junto a Natalia Méndez, editan preciosos libros de poesía muy originales.

Decir de una imagen “esto es poesía” es una metáfora, aceptemos la metáfora como algo útil, sin confundir los géneros. Entonces sí. El día D es poesía en un sentido un poco metafórico, porque incluyo la imagen.

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“Decir de una imagen ‘esto es poesía’ es una metáfora”.

Yo haría un libro con El día D.

Eso sería lindo hacerlo. Pero habría que trabajar el tema de los derechos de las imágenes, porque las que uso son robadas de todos lados. Cito la fuente pero no tengo las autorizaciones. Para mí el uso de la imagen citando la fuente en Internet debería ser legal, no debería entrar en ninguna zona gris. Pero para algunas personas, no. Incluso si en algún momento alguien me dice “bajá mi imagen”, yo, de inmediato la bajo. Pero no pasó.

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 ¿Estás a favor de la libre circulación de los bienes culturales en la web?

Claro. Si alguien escuchó mi música es porque alguno la reprodujo en la web, circula todo libremente. Para mí la copia digital es una maravilla, ¿por qué no aprovechamos ese recurso? Lo dije en mesas, en congresos, estoy a favor de la circulación libre y legal de los bienes culturales. Tendría que haber algún tipo de compensación, ponele Sadaic que recauda por cualquier lugar donde se pasa música, bueno podría haber un ente recaudador, más transparente que Sadaic, que recaude de los proveedores de Internet alguna tasa baja. Repartida sería una fortuna descomunal y permitiría que circulen gratis las cosas. Imagínense acceso universal a una biblioteca completa de todo lo que existe, es perfectamente posible y está al alcance de la mano.

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“Imagínense acceso universal a una biblioteca completa de todo lo que existe…”.

Hay posibilidades de acceder a una gran cantidad de libros, pero no de los contemporáneos.

Bueno, ahí tenés el grave error, por ejemplo, de las editoriales. Es el mismo error que cometieron los sellos de música. Hoy en día la gente tiene cada vez más lectores de libros, o leen en Internet o tienen tablets. La gente que yo conozco que lee en esos soportes no compra jamás un libro digital. Sí compra en librerías, pero uno digital, jamás. Yo cada tanto compro uno, leo mucho en mi Kindle. El gran error es que ponen sistemas de protección: si tenés un archivo comprado que además te costó caro, no lo podés prestar; si cambiás de equipo, o se te rompe el equipo, lo perdiste. No te podés hacer tu biblioteca, no podés hacer back up, es un archivo sobre el que no tenés control. Entonces para la mayoría de nosotros, coleccionistas, eso no sirve. Si yo pirateo el archivo de una novela, recibo mucho más que por lo que me venden a una fortuna. Vengo de hablarlo hace poco con el gerente de una editorial y charlábamos sobre los puntos para hacer edición digital. A mí básicamente me importaba un pito lo que hicieran porque hacen un epub muy bonito y va a un sitio que usa el peor sistema de protección de derechos digitales que es el Adobe Digital Editions, un método en el que te obligan a bajar un programa, a registrar tu equipo. En ese sitio deben estar vendiendo 1,5 ejemplares de todo el catálogo por mes, no creo que vendan más, no se puede vender nada ahí.

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Su lugar favorito de lectura.

Entonces una fórmula sería: la web accesible a todo el mundo, libros hechos para ese formato y además, libros en librerías en papel. ¿Ves posible ese escenario?

Claro que es posible, que los libros en papel desaparezcan es como decir que desaparece la radio. La muerte de la pintura de caballete se decretó muchísimo antes de que apareciera el mundo digital. Y no se muere. El libro en papel cumple una cantidad de funciones, obviemos los que ya desaparecieron, como las enciclopedias y los libros de referencia, porque lo digital les juega con ventaja. Las revistas y los diarios están en baja ¿por qué? Porque Internet es un medio mucho mas eficaz para transmitir lo que transmitían estos medios. Si eso mismo ocurre con la narrativa ¿qué problema hay? ¿Por qué las novelas tienen que estar en papel? ¿Por qué no pueden ser digitales? Eso no quita que haya hermosos libros ilustrados, los libros de mesa, y una cantidad de hermosos objetos en papel, ¿por qué van a desaparecer si otros hermosos objetos no desaparecieron?

Entrevista Eduardo Abel Gimenez

En una ponencia que di en el Chaco y después en una Feria del Libro en Buenos Aires yo insistía con una comparación sencilla: Cuando empezamos con Imaginaria en el noventa y nueve, éramos pocos los que teníamos mail. Yo había puesto un sistema a través del que se podían pedir los artículos de Imaginaria, a vuelta de correo por mail. Era un sistema automático. Porque la gente no navegaba, nos conectábamos a Internet por teléfono, no había banda ancha. Trece años después hubo un cambio gigantesco, hasta nos cuesta acordarnos de cómo era. Mi vaticinio -porque era fácil de hacer, lo era y sigue siendo- es que en otro tanto de tiempo vamos a estar todos leyendo libros en aparatos digitales y los vamos a estar bajando gratis de Internet, no hay vuelta, es así. Todo se tiene que adaptar a esa realidad. No es ni siquiera un tema de elección personal, más allá de que me guste o me deje de gustar, va a pasar porque es el camino natural.

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Va a pasar también que seguirá habiendo librerías, que se venderán libros en papel y tampoco nos vamos a dar cuenta. Vamos a estar en ese mundo diciendo: “Si no cambió nada”. Hoy pensamos que no cambió nada con respecto al noventa y nueve y ahí estamos todos en Facebook, subiendo fotos todo el día, intercambiando mensajes, hablándonos de otra manera y no hay una mayor conciencia del cambio y de lo que se viene. Mirá, pasó una cosa que me hizo gracia. Natalia Porta López, de la Fundación Mempo Giardinelli, lo registró. Yo empecé un taller en el Chaco diciendo que ahora se escribe más que nunca en la historia, incluyendo las redes sociales. Esa frase por alguna razón quedó recogida en un suplemento de cultura del diario del Chaco, salió con mi nombre y quedó la frase: “Se escribe más que nunca”. En la conferencia de cierre, Juan Sasturain empezó diciendo: “Hoy se escribe menos que antes”. Porque él no contaba las redes sociales y todo lo demás. Él hablaba de literatura y también es discutible. Lo decía pensando que la gente antes se sentaba a escribir cartas, por eso decía eso. Natalia lo puso en Facebook y a mí me hizo gracia porque era una contradicción flagrante. Sasturain lo dijo en la conferencia de cierre, en el plenario con 1400 personas y yo lo dije en mi taller de treinta y cinco.

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¡Más té, por favor!

Hubiera sido una buena polémica.

Claro, hubiera sido interesante dar la polémica en el lugar. Se parte de puntos de vista muy diferentes y tiene que ver con no tener en cuenta el cambio.

Llevó mucho tiempo convencer a la gente de que Internet democratizaba la cultura. Si yo decía eso en el noventa y nueve en Imaginaria, me linchaban, era hablar del futuro. Por suerte ya no se puede discutir que es universal y democratizante. Se puede discutir la calidad de la experiencia, pero lo otro, no.

Sos entusiasta de la tecnología. ¿Creés que ha permitido un mayor acercamiento o ha alejado a la gente?

Lo que pasa es que vivimos en una situación en que los afectos, la gente más cercana está repartida en un espacio grande. Ya no es la otra cuadra, los amigos del bar de la esquina, no, es gente dispersa. A mí me ocurre que mis amigos más cercanos, mis cinco amigos más cercanos, casi no se conocen entre sí, no son parte de un grupo. Esa dispersión es propia de la vida urbana de hoy y ahí sí se siente un desarraigo.

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Internet no es lo mismo que el encuentro cara a cara, no hay manera de suplirlo, no solo con una pareja, el encuentro amoroso, tampoco con los amigos. El encuentro uno a uno y ni que hablar entre varios, el grupo, el festejo familiar…

Es irremplazable.

Y hasta que la realidad virtual alcance todos los sentidos, sí.

Pero sin ir al extremo de decir “No necesito a nadie porque tengo Facebook”, en algún punto Facebook permite el encuentro cotidiano con un montón de gente o con poca gente, de quienes de otra manera no sabrías nada nunca. Eso hay que aceptarle, a todos nos gusta odiar a Facebook pero es bárbaro, es una forma espléndida de contactarse con el mundo. Es una herramienta y depende qué poder le otorgás a esa herramienta.

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¿Qué te gustaría decir que no te hayan preguntado nunca?

Me hubieras dicho hace una semana y lo hubiera pensado… qué pregunta que te dispara para lugares distintos… Tengo algo que pocos conocen… ¿Sabés a qué me estuve dedicando este verano? Aprendí a programar en JavaScript, ¿y qué hice aprendiendo? Dos jueguitos que están en la web y que tienen alguna gente que los juega. Son de un nuevo género, bastante reciente, que me apasiona y del que podría estar horas hablando. Es algo totalmente ajeno al mundo en el que me muevo más públicamente. Tengo mis corresponsales y conocidos pero en inglés. Este género se llama Incremental games, juegos incrementales. Son juegos en los que hay algún tipo de variables y elementos que van produciendo un recurso virtual bastante abstracto. Suelen no tener imágenes a veces son de puro texto. Un juego muy popular en ese ambiente se llama Cookie Clicker: hay una gran galletita en pantalla y si uno le hace un click produce otra galletita. Después de unas cuantas galletitas uno puede comprar un cursor que hace click solo y produce más galletitas. Con muchas más galletitas y unos cuantos cursores uno puede comprar una abuela que hace más galletitas todavía, con unas cuantas abuelas uno se compra una fábrica. Después una granja de galletitas y así sucesivamente hasta la máquina del tiempo con la que uno puede ir a buscar galletitas de otras épocas…

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El inventor de juegos.

Un delirio total.

Sí, y el universo entero se convierte en galletitas y uno llega a hexadecillones de galletitas. Jugarlo lleva tiempo. Uno lo deja andando solo, indica hacia dónde ir, agrega cosas y un juego puede durar un año.

No me puedo imaginar quiénes pueden jugar ese juego…

Mucha gente, es un juego obsesivo, hay muchos de estos más o menos interesantes, con una sorprendente variedad de mecanismos. Hice dos juegos dentro de este género. Uno se llama Writer, Escritor, y consiste en escribir una novela (http://www.magicaweb.com/writer). Vos empezás haciendo click en un botón y escribís una palabra, dos, tres, cuando llegás a diez palabras se te despliegan una cantidad de opciones. A partir de ahí necesitás tener humor, dedicación e inspiración para poder escribir. Tenés tres botones con los que mejorás tu humor o no, lográs inspiración o aumentás tu dedicación. Cuando aumentan esos valores automáticamente se generan más palabras, pero se van gastando hasta que deja de haber palabras automáticas. Ahí tenés que hacer otras cosas, te tomás una cerveza y te mejora el humor, te vas a pasear por el bosque y lográs inspiración y así sucesivamente. Hay interacciones complejas porque las cosas que te dan inspiración, te quitan dedicación.

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Cuando llegás a las cien mil palabras hay una vocecita interior que te dice: ¿Por qué no le mandás esto a un editor a ver si le interesa? Entonces mandás pero te lo rechazan, seguís haciendo palabras automáticas, te lo rechazan, hasta que al fin un editor te dice: “Bueno. Si, me interesa”. Y te da un plazo de cien días para entregar y empieza a pasar el tiempo. No son cien días reales. El tiempo empieza a bajar y vos tenés que llegar. Ni sabés cuántas palabras tenés que escribir. El editor te sigue mandando cartas cada vez más agresivas hasta que te dice: “Mandame lo que tengas ya”. Lo mandás y a vuelta de correo el editor te contesta: “No, tiene que tener un tercio de las palabras que escribiste”. A partir de ahí, si habías llegado a trescientas mil palabras tenés que reducir a cien mil. Los números se te hacen negativos, la inspiración , la dedicación y el humor son necesarios para borrar palabras y si lo lográs, cuando llegás a cien mil el juego termina. No es fácil. Ese fue mi primer juego del género incremental games.

Lo más divertido fue inventarlo. Hay gente que se puso a jugar carreras a ver quién lo hacía más rápido.

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Eduardo junto a sus libros.

¿Pero no escribís nada?

Nada.

El segundo juego es en un zoológico, Incremental Zoo (http://www.magicaweb.com/zooII). Pedís préstamos para comprar animales y los animales empiezan a reproducirse. Los tenés que alimentar. Si no los cuidás, se te mueren. Los vendés y comprás. Al zoológico hay que mantenerlo y hay una asociación que viene y te multa por tener tantos animales. Y así tenés que ir subiendo a especies cada vez más grandes hasta que llegás a tener ballenas y ahí el juego termina. Otro delirio mayúsculo. Hay gente que lo juega. Esa es mi vida oculta. Ves, ni se me hubiera ocurrido hablarte de esto. Toda la gente que me conoce como escritor de Lij, no tiene la menor idea.

Eduardo 8747 B&N

Autor y fotógrafo, despidiéndose en el ascensor.

Bueno, ahora lo vamos a contar en El ojo ajeno.

Sí, ahí les dejé los links.

¿Qué foto te gustaría sacar?

Sé que un poco es hacer trampa, pero me gustaría sacar una foto del 1° de enero del año 2100.

El ojo ajeno Logo

 

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9 comentarios en “Eduardo Abel Giménez

  1. Una nota muy sensible sobre una persona entrañable, modesta, metódica, sorprendente. Para los que hemos tenido el privilegio de conocerlo de cerca reconocemos esos gestos, esos lugares y hábitos que Silvia y Uri retratan con tanta magia y arte.

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  2. Eduardo querido, que hermoso que hayan realizado este reportaje y fotos. …..se te ve tan maravilloso como sos. bellisimas e intimas fotografias!!!!! FELICITACIONES!!!!!

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