Liliana Cinetto

Por Silvia Portorrico y Uri Gordon

Un barrio de Flores, un pasaje, una casa con jardín. Allí vive Liliana Cinetto con su familia. La casa tiene dos pisos y fue reciclada y prácticamente reconstruida por sus dueños. Nos recibe Tango ladrando amigablemente y Liliana nos hace pasar.

Lo primero que vemos es una sala comedor muy amplia, con una chimenea que le brinda el toque necesario de calidez y lo que más nos llama la atención son las bibliotecas con muchísimos objetos (casi tantos como libros) de todos los colores, tamaños y procedencias.

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¿Sos coleccionista de recuerdos de viajes?

L: Adoro los objetos que traigo de los viajes. Cuando fui a conocer la casa de Neruda me sentí identificada con todos los objetos que había. Siento que las cosas tienen la energía de sus dueños, todas estas cosas me recuerdan los lugares a donde fui, el momento en que me las regalaron, el sitio donde me las compré. Mi marido me dice que ya no hay lugar para nada y yo le digo que siempre hay lugar.

Nos sentamos en el living y Tango, el pequeño perro de la casa, se pone delante de la cámara de Uri cuando intenta sacar las primeras fotos.

L: El perro va a salir en las fotos porque siempre está en el medio. Nunca me deja ni a sol ni a sombra, duerme aquí adentro -a veces en la cama- y está al lado mío cuando escribo. En mi escritorio tiene una cucha. Está en la casa hace dos años, desde que mi hija mayor se fue a vivir a Australia. Mi hija me dijo: “Te dejo unas cositas y el perro”, y me dejó diecisiete cajas y a Tango. Todo estaba inundado de cajas enormes con cacerolas, ropa y otras cosas. Mi hija y su novio armaban las valijas que se iban a llevar y el perro les traía sus juguetes, los chiches, y se los ponía adentro de las valijas. Mi hija se los sacaba y el perro de vuelta los ponía. A mí se me caían las lágrimas porque se iba mi hija, porque veía al perro, no sé, él era el símbolo del dolor de la partida y cuando ya vio que no le guardaban los juguetes en la valija, se empezó a acostar encima. Yo no estaba tan triste porque ella se iba, porque sabía que la iba a ver, que iba a viajar y además estaba contenta porque era su proyecto, pero toda esa escena con el perro fue terrible.

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¿Y para vos qué significan las partidas, qué te pasa cuando te vas de viaje?

L: A mí me gusta mucho viajar pero me da la crisis en el momento previo a la partida, cuando tengo que armar la valija, cuando voy a dejar a mi marido o a mis hijos. Ahí me da un poco de angustia. También hemos viajado mucho con mi hija Florencia, las dos solas, y pienso en mi marido que también se queda solo. Ahora no tanto porque se queda con el perro y se hacen compañía.

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¿Desde cuándo tenés esas ganas de viajar?

L: Desde chica, había dos cosas en mi vida que tenía muy en claro: que iba a ser escritora y que iba a viajar por el mundo. No me preguntes por qué, a lo mejor es porque había una gran biblioteca en mi casa antigua, que no era un mueble, era toda una habitación y allí había muchos libros de viajes porque mi papá había sido marino mercante, y había viajado. También traía cosas de otros lugares. Yo me fascinaba mirando el atlas, viendo los países y decía “yo voy a conocer acá”. Aunque me llevó mucho tiempo porque no tenía dinero para viajar. Yo me casé y tuve a mis hijos muy joven, así que hasta que económicamente tuve la disponibilidad para viajar pasó mucho tiempo.

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Empecé a viajar por trabajo y luego por placer y ya no quiero hacer otra cosa. No quiero comprarme ni un auto más caro, ni una computadora más sofisticada, ni un teléfono más moderno. Me parece que no hay dinero mejor invertido que el que uno gasta en los viajes, en lo que vive, en lo que conoce, en los intercambios con otras personas. Viajar te abre la cabeza, te llena de una energía impresionante, entonces me dije “de ahora en más quiero viajar”.

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El año pasado fuiste a Grecia y a Turquía.

L: Me gustan los lugares diferentes, por ejemplo no conozco Estados Unidos y nunca fui a Miami, tal vez algún día vaya a Nueva York, pero ni siquiera tengo la visa. En cambio me gustan otros destinos y me fui con mi hija. Mi marido no se decidía y dijo: “váyanse ustedes”, así que me fui nomás. Es como que si te querés venir conmigo bárbaro, si no querés, yo me voy. Porque hay momentos en los que se puede viajar, mis hijos están grandes, mis padres todavía no me necesitan tanto, estoy bien de salud. Hay que estar bien para viajar. Porque en general yo no tomo un tour. Sí en Egipto, porque iba sola con mi hija y no sé, dos mujeres solas, preferí tomar un tour. Yo hablo brutinglish, hablo francés, hablo italiano, hablo portugués pero inglés no. Pensé que me iba a un lugar donde hablan un idioma que no domino, un país musulmán y era mejor ir en grupo. Y nos fue bárbaro porque éramos ocho solamente y nos tocó un guía estupendo y desde que llegamos a El Cairo nos acompañó todo el viaje.

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Ahora en Turquía también contraté un tour, porque no hubiera podido hacer todo lo que hice. Recorrimos Estambul solas, con mi hija, pero después nos hicimos toda la parte asiática desde Ankara hasta Capadocia y estuvimos volando en globo aerostático. Mi marido me había dicho: “Ni se te ocurra” y yo: “Bueno”, pero por supuesto subimos al globo. Y fuimos a las ruinas de Éfeso, a Troya, y estuvimos en el lugar donde supuestamente estuvo el caballo de Troya. Todo eso no lo hubiera podido hacer sin el guía y sin el tour, en el interior de Turquía nadie te habla en inglés, solo en turco que es indescifrable.

¿Y cómo relacionás los viajes con lo que escribís?

L: Cuando los chicos en las escuelas me preguntan acerca de mis viajes y mi escritura les explico que son como los ingredientes que vas juntando cuando hacés una comida, son los ingredientes con los que sazono mis historias.

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¿Escribiste algún libro de viajes?

No. Tengo una novela, El libro perdido, que es para adolescentes y comienza en Buenos Aires y termina en París, en las catacumbas, y ya me encargaron una segunda novela con los mismos personajes y seguramente los llevaré a Venecia. Tengo otro libro publicado en Chile que se llama Historias escalofriantes que las ciudades cuentan, son leyendas urbanas de distintas ciudades.

Estuve leyendo la introducción a un libro sobre el Camino de Santiago, escrita por el filósofo español Gustavo Bueno. Él plantea los diferentes tipos de viajes que se pueden emprender, los físicos y los metafísicos y cómo el hecho de viajar ayuda a recorrer caminos interiores con mayor riqueza.

L: Yo creo que sí, que los caminos exteriores te ayudan a recorrer caminos interiores, porque uno aprende mil cosas para la vida. Creo que yo empecé a viajar y a recorrer caminos desde antes de poder viajar, porque viajaba a través de los libros que leía. Estudiaba francés y soñaba con París y cuando pude ir a París, la recorrí como si hubiera vivido allí toda la vida, me resultaba completamente familiar. También los caminos externos te ayudan después para otros caminos. Viajar tanto me da tranquilidad, a pesar de que los viajes son estresantes. Yo le digo a mi hija que uno nunca sabe si va a volver a estar en esa ciudad, hay que caminarla y recorrerla. A mí me gusta apropiarme de las ciudades, estar con el plano, buscar el camino, uno tiene que vivirla, pero es cansador andar de la mañana a la noche. Uno llega con los pies a la miseria y es agotadora la vida del turista pero nadie te lo entiende.

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Una vez en París había sacado el Paris Museum Pass. Mi hija no pagaba entrada en los museos porque era menor y tenemos el pasaporte europeo. Fue tan agotador caminar y recorrer todos los museos de París durante cuatro días, desde muy temprano hasta las diez de la noche, que al llegar al hotel nos hacíamos masajes mutuamente porque nos moríamos de dolor. Una vez cuando llegamos al Louvre nos sacamos los zapatos y metimos los pies en esa fuente maravillosa que está en la entrada. Tenemos una foto allí.

¿Y los viajes por trabajo?

L: Son lindos pero son diferentes porque si bien yo trato de conocer y de pasear ya hay horarios y obligaciones que cumplir. Tratás de combinar ambas cosas pero mucho no podés.

Pero te recorriste el país de punta a punta.

L: Me queda una sola provincia sin conocer que es Formosa. Seguramente iré en algún momento.

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Hacemos una pausa para tomar café y probar una tentadora torta de ricota, unos chipá y otras delicias de chocolate, porque como todos los lectores sabrán, es parte de la propuesta que nos conviden cosas ricas. Creo que en realidad hacemos estas entrevistas por las cosas ricas que nos ofrecen en cada casa.

L: sí pero esto no lo preparé yo, es de una confitería suiza que hace unas cosas exquisitas.

Mostranos todo lo que tenés en estas bibliotecas.

L: En esta biblioteca tengo una parte del grabado que representa a Éfeso, también los libros de viajes sobre las ciudades en las que estuve y sobre ciudades en las que no estuve pero me gustaría estar, los voy leyendo y voy planeando futuros viajes. Ayer mi hija me dice: “Mamá, mire Misión imposible y ahora ya tengo ganas de ir a conocer el Kremlin”. Bueno, ya lo tengo en la lista.

¿Qué lugares te falta conocer?

L: Un montón. Me gustaría recorrer Francia, hasta ahora solo conozco París. Como lugar más raro quisiera ir a Marruecos, también a Irlanda y a Escocia, porque me enojé con los ingleses y dije que no iba a volver, pero a Irlanda y a Escocia puedo ir. No conozco Alemania, pero también me gustaría conocer los países escandinavos y me queda lo que era Checoslovaquia, en Praga no estuve. Tengo una amiga que es ultraviajera, más que yo, y a veces me pasa datos. Ahora se va a Serbia y le pedí que me pase toda la información. Mis viejos una vez estuvieron en Rusia, que a mí me encantaría conocer, y después hicieron Polonia, Hungría, Bulgaria, todo el Este. Europa me gusta porque tiene tanta historia, desde el pueblito más chiquito, pero también me gustaría ir a Japón y a China. Hay otros lugares que están de moda como Dubai, que no me interesa tanto, o Miami, tal vez algún día igual iré.

¿De Latinoamérica conocés todo?

L: Me faltan Perú, Ecuador y Venezuela.

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¿Hiciste el viaje desde Manaos por el Amazonas?

L: No, yo soy viajera pero no soy aventurera, la naturaleza no me va mucho, a mí me gusta lo cultural. Una vez mi marido me preguntó si no quería hacer el crucero por el Amazonas y yo le dije: “¿Yo? Si querés te saco el pasaje y te espero en otro lado, tranquila, pero conmigo no cuentes”. A mí bichos, naturaleza, insectos, no me van. Sí me gustaría ir a Sudáfrica o a otros países de África. Tengo un amigo que también es un itinerante, porque en esto de viajar uno se hace amigos que son también viajeros, que es español. Yo lo conocí en Bolivia y después nos volvimos a ver en las Islas Canarias y después estuvo en Marruecos y me empezó a entusiasmar para ir allí. Ahora se va a Mali y está de novio con una mujer que se va a vivir a Afganistán. Ella trabaja para una organización humanitaria y viaja a estos lugares que necesitan ayuda. Moriría de amor de ir a conocer medio oriente pero me da un poco de miedo. Me quedé con muchas ganas de ir al Líbano y a Jordania. Cuando estuve ahora en Turquía, pensé en ir a Jordania porque quería llegar a Petra, pero tenía que elegir, o estaba muy poco en cada lado o ir allí. Preferí quedarme más en Grecia.

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¿Cómo te llevás con esta casa? Porque con tantos viajes debe ser poco el tiempo que pasás aquí.

No, yo estoy mucho aquí, viajo mucho pero trabajo en casa, me gusta vivirla, me gusta mi casa y está llena de cosas que tienen que ver conmigo, con mi trabajo, con mi familia, con mis amigos, mis experiencias. Es un lugar en el que a mí me gusta estar. Y al que me gusta volver siempre.

Contame sobre estos objetos.

Liliana Cinneto - 3715-RecoveredL: Acá tengo a los dioses griegos, los traje ahora de Grecia. Este sapo también, me gustan los sapos. Aquí el calendario maya y máscaras de distintas tribus. Las matrioskas las trajo una amiga de Rusia.

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Aquí tengo caracoles, dicen que traen mala suerte pero yo no creo en nada de todo esto. Otra cosa que me gusta son los pesebres, tengo de distintos lugares del mundo: de Brasil, de México, de Bolivia, de Perú.

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Aquí traje el caballo de Troya y las máscaras de Venecia. A este llorón de México le ponés agua, le susurrás tus penas y entonces él llora tus penas y te alivia las angustias, esas cosas me encantan. Esta narguila la compré en Turquía. El cartel lo compré cuando estuve en Australia porque fui a visitar a mi hija mayor. Me dio mucha risa porque viste que aquí en el campo tenés carteles que dicen: ”Cuidado con las vacas” y allá dicen: “Cuidado con los canguros”, por eso me lo compré. Después acá tengo ángeles, me gusta coleccionarlos, los tengo junto a mis libros y a mis hijos, la diosa de la abundancia también, cerca de ellos, para que haya mucha abundancia de libros.

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Liliana Cinneto - 3701 copyY parece que te cumplen…

 L: Sí, me cumplen, Aquí el dios Anubis, el dios perro, tengo muchos libros de perros, esta brujita que tiene bombacha colorada es una divinura. Aquí hay una piedra que me traje de Capadocia, es como una piedra pómez. Hasta el año 1950, la gente vivía en cuevas y hay ciudades subterráneas en las que se escondían los cristianos cuando venían los árabes y los atacaban, esta piedra es de allí. Turquía es maravillosa no solo por los paisajes sino por la cultura. Allí estuvieron los romanos, los griegos, los árabes, lo otomanos y cada cosa va dejando su huella.

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Allá del otro lado tengo más. Empecé a revelar las fotos y me di cuenta de que tenía fotos en lugares emblemáticos de cada país, así que empecé a hacer ampliaciones. Aquí estamos en Sidney, en París, en Efeso, en las pirámides, en el Partenón, en Saint Martin, en Barcelona, en la torre de Pisa y aquí, en Capri. Pero necesito otra casa para poner todo lo que tengo.

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Pero se te ve muy cómoda aquí.

L: Esta casa tiene todo lo que yo quiero, tiene patio, aire, en el verano me gusta tomar sol, armamos la pileta, tiene plantas. Cuando la hicimos pensamos en construir una pileta de material pero te ocupa la mitad del espacio, así que conseguimos una enorme pero desarmable. Todo esto lo hicimos nosotros, aquí no había jardín era todo cemento. Es una casa muy cálida porque hay muchas cosas de madera, da mucho trabajo mantenerla, pero a mí me gusta.

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Atravesamos el patio lleno de plantas y llegamos al estudio de Liliana. Un lugar asombroso, con luz, vista al jardín y muchísimas estanterías con libros… y más objetos.

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L: Este es mi estudio. Aquí está la cucha de Tango que escribe conmigo. Y como verán tengo más cosas, el cartelito de la calle de Abbey Road, esto de piratas de Antigua y Barbuda. También tengo un montón de regalos que me han hecho los chicos de las escuelas. Este es un lugar que yo adoro para escribir, mirá que tengo la notebook, podría escribir en cualquier parte de la casa, pero yo elijo este lugar. ¿Viste los personajes de mis libros? Aquí están Diminuto y Ambrosio, a Tango no le gustan, les ladra. La pulga me la regaló la editora, aquí la bruja Hermelinda y Saltarín. Los premios, la hormiguita viajera.

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Y esa sos vos.

L: Yo soy la hormiguita viajera, cuando me dieron el premio dije que era uno de los mejores premios que me habían dado porque si había algo que yo soy es una hormiguita viajera, de hecho mi mamá siempre me decía: vas de acá para allá como una hormiguita. Este es mi espacio para escribir. Y ya no sé dónde poner los libros. Hace dos años empecé a donar y regalar libros.

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Si estoy escribiendo cuentos o novelas escribo en la computadora, si escribo poesía, lo hago en un cuaderno. Este es mi último cuaderno de poesía. Porque la poesía la escribo de otra manera, casi como un rompecabezas, no es la escritura lineal, por eso voy probando, ensayando versos, palabras, hasta que encuentro una que calza justo, vas a ver que hay flechas y palabras garabateadas y después la paso a la computadora.

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En las escuelas me regalan plantas, muchas cosas y yo guardo todo, cada papelito. Me gusta cuidar las plantas, me peleo con las hormigas, me peleo con las babosas. Ese Pinocho horroroso que ves ahí lo trajo mi hijo que se lo encontró en una obra en construcción y me pidió que se lo cuidara. Me parece horrible, y una vez se quedó mi hija a cuidar la casa y lo pintó con cara de zombi, parece una cruza de Chuki con zombi, ahí quedó.

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Da un poco de miedo

L: Sí lo pintó con pintura fosforescente, es escalofriante. pero es de él. Y se lo cuido.

Vos dijiste que desde chica siempre supiste que ibas a ser escritora y a viajar. ¿sentís que cumpliste con ese sueño?

Sí, yo creo que sí, aunque necesito seguir escribiendo y necesito seguir viajando, porque no era un objetivo a cumplir, porque es un sueño. Viste que Galeano dice que las utopías sirven para caminar y este sueño de escribir y viajar es un motor que mueve mi vida, porque siempre estoy planificando qué otro viaje voy a hacer o qué otro libro voy a escribir. Entonces eso te mantiene activo, yo siento que me quedan lugares, rincones para conocer y libros para escribir, porque yo no puedo vivir sin escribir, me muero de tristeza.

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A veces me preguntan por qué escribo tanto y yo escribo mucho porque me hace feliz escribir. Por suerte publico mucho también, pero si no publicara seguiría escribiendo porque creo que eso define al escritor, escribe porque lo necesita, porque quiere contar cosas, a veces publica y puede vivir de lo que publica, como es mi caso, otras veces no, pero escribir me hace feliz, me pone metas para alcanzar, me ordena la vida, si no tuviera ese motor… ¿Oíste ese cuento de Francisca y la Muerte? Es un cuento tradicional, pero conozco la versión de Onelio Jorge Cardozo, el escritor cubano. La Muerte viene a buscar a Francisca y no la encuentra. Le dicen: “Está en el campo haciendo tal cosa” y la Muerte va al campo y tiene poco tiempo porque a las cuatro se le va el tren, y en el campo le dicen: “No, fue a otro lado a curar a una persona”. La Muerte va a ese otro lado y se le pasa el tiempo. Se empieza a fastidiar y le dicen: “No, Francisca estuvo acá pero se fue para otro lado” y se le hace la hora, se tiene que ir, entonces la Muerte piensa: “Mañana a esta hora a la vieja la vengo a buscar y me la llevo”, y se va. Y termina la historia cuando pasa un vecino y la ve a Francisca que está arreglando las flores de su jardín y le dice: “Pero Francisca ¿cuándo te vas a morir? Y ella le responde: “Yo no pienso morirme, porque siempre tengo algo para hacer”.

¿Qué foto te gustaría sacar?

Una foto con mi familia. Mis padres, mi marido, mis tres hijos con sus amores. Y Tango, claro, que es de la familia. Recuerdo la última Navidad que pasamos todos juntos, acá en esta casa, antes de que mi hija se fuera a Australia. La mesa larga, las risas, los regalos, la alegría de tenerlos a todos cerca… Eso es mi mayor felicidad.

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