Horacio Convertini

Con Uri salimos temprano. El sábado soleado y fresco nos invitaba a caminar. Treinta cuadras repasando fotos y preguntas. De pronto, la ciudad comenzó a transformarse, los edificios eran cada vez más bajos, los árboles más frondosos. Estábamos ingresando en un barrio de esos que te llenan el alma de recuerdos. Calles amplias de nombres inusuales. Parque Chacabuco. Llegamos a la puerta donde vive la familia Convertini. Nos recibió Mariel y, tal como imaginamos, entramos a una casa cálida y hogareña, de dos pisos, con un patio lleno de luz al fondo. Atravesamos una sala espaciosa hasta llegar a la cocina y allí comenzamos a charlar.  

Horacio Convertini 2728

Nos recibe Mariel, la esposa de Horacio, y nos hace sentir en casa.

¿Cómo llegaste a esta casa?

Llegué escapando de un departamento. Fue algo entre divertido y patético. Nosotros vivíamos en un departamento muy feo, lleno de humedad. Era un contrafrente en un piso once, donde de vez en cuando se nos metía un murciélago. Aunque nos estaba quedando chico, no tenía placares y un montón de contras más, en ese lugar fuimos extraordinariamente felices, con mi esposa y con mi hijo más grande, Daniel, que hoy tiene veintiséis años, porque el más chico no había nacido.

 

Horacio Convertini 2647

“En ese lugar fuimos extraordinariamente felices…”

¿En qué año fue?

Era a mediados de los noventa. Con el uno a uno me saqué las ganas de viajar y me estaba yendo bien en el trabajo. Así que con Mariel pensamos que era el momento de pasarnos a un departamento mejor y empezamos a buscar. Encontramos un edificio a estrenar frente a Parque Chacabuco, a la vuelta del que teníamos. Un piso nuevo bien menemista, con hidromasaje y esas cosas. Yo tenía la posibilidad de que me prestaran guita que debería devolver y peleé el precio, lo que me hizo sentir un ganador y lo compramos. En esa época estudiaba historia, trabajaba y me levantaba a las seis de la mañana a estudiar. Antes de mudarnos, cuando todavía vivíamos en el departamento viejo y feo pero feliz, le digo a mi esposa: “che, me parece que nos equivocamos con la compra”. Y le di esta explicación: “estaba despierto estudiando y escucho un concierto de perros- el living donde estudiaba daba al contrafrente y el departamento nuevo estaba en la otra cuadra, que también daba al contrafrente-. Estoy seguro de que los perros nos van a despertar”. A tal punto que lo pusimos en venta antes de irnos a vivir. Pero no lo pudimos vender y tuvimos que mudarnos.  Nos mudamos el día que le ganamos a Inglaterra en el noventa y ocho. Todo nos salió mal, todo lo que te puedas imaginar. Lo de los perros fue un vaticinio cumplido. Dormir resultaba imposible porque en ese momento era el único edificio de la manzana. En el pulmón de manzana había solo casas con catorce perros cada una, que chumbaban toda la noche. El sonido sube. Al lado teníamos una bicicletería con dos Doberman. Cuando la bicicletería cerraba dejaban a los Doberman encerrados, imaginate. Bueno, nos robaron, todo salió mal, no a lo largo de diez años, sino en un año y medio. Para que te des cuenta, una mañana vemos una humareda y pensamos “¡se nos quema el edificio!”. Era una mujer coreana que cocinaba para una iglesia coreana y se había olvidado un fuentón en el fuego y se estaba quemando todo. Los olores de la comida eran imposibles, era una pesadilla.

Horacio Convertini 2643 copy

“Todo nos salió mal, todo lo que te puedas imaginar”.

En el noventa y nueve decidimos irnos. El de la inmobiliaria nos muestra una casa y yo le digo: “Esta casa no es”. Había algo que me decía que no era. Yo soy racional y pragmático, pero por momentos me vuelvo supersticioso. Cuando miro fútbol me lleno de cábalas, y mirá que soy racional, pero me traiciona eso, es un pensamiento mágico que aparece por momentos. En este caso era “no es esta la casa”. El dueño de la inmobiliaria se enoja y cuando le pregunto si no tiene otra cosa me dice: “Tengo algo, pero ustedes no llegan”. Y yo, cabezón, le digo: “Quiero verlo”. Me muestra esta casa y apenas entré supe que era la indicada. No nos alcanzaba la plata pero esta era la casa. Estaba muy parecida a como la ves ahora pero le faltaban detalles de pintura, casi todo lo que ves, estaba. Le hice una oferta por mucho menos de lo que pedían. Y me fui a trabajar. Al otro día aceptaron hacer la operación. Me acuerdo que a la semana de mudarnos escuchamos ladrar a un perro- yo había desarrollado una alergia a los perros- y no me molestó para nada. Todo había sido distinto. Un fin de semana hubo una fiesta en el barrio con mucho ruido y no me importó. Nos vinimos a vivir acá, Dani tenía doce años, Franco, un año y monedas, en julio del noventa y nueve.

Horacio Convertini Entrevista Color

La casa cumplió con todas las expectativas, es cómoda, es amplia, es luminosa, te levanta el ánimo cuando venís a tomar un café a la cocina. Tuvimos inconvenientes como todo el mundo, humedad en algún lado, el piso original lo tuvimos que levantar, pero llevamos catorce años viviendo. Cuando las dificultades son dolores de crecimiento, no te preocupás. Cuando hay que pintar o impermeabilizar o hacer cosas de mantenimiento cuesta guita, pero lo hacés con gusto. Es el lugar.   Alguna vez hemos charlado con Mariel que tal vez cuando los chicos se vayan, esta casa nos va a quedar grande, pero mientras tanto, por el momento la pasamos bien, recibimos muchos amigos, se transformó en un centro de reunión de amigos. Tiene una parrilla que yo no uso porque no sé hacer nada, pero cumplo con mi papel de anfitrión, de contar chistes, de animar a la gente o conversar. Fue también una casa del reencuentro porque cuando cumplí cuarenta me preocupé por reencontrarme con amigos de la adolescencia. Me acuerdo que hice un gran festejo y desde allí volvimos a vernos con frecuencia todos. Funcionó como un lugar social, en esta casa puedo recibir a veinte o veinticinco personas.

Horacio Convertini 2629

“Cuando miro fútbol me lleno de cábalas, y mirá que soy racional, pero me traiciona eso, es un pensamiento mágico que aparece por momentos”.

Aquí empezaste tu carrera literaria.

Sí, en los lugares anteriores había empezado a borronear cosas. En el departamento viejo feo y feliz -con el que mantengo un vínculo, tal es así que el portero de ese edificio viene a arreglar las bombitas, cuando me ve me carga con San Lorenzo-, hay una ligazón sentimental, ahí empecé a sentir claramente la necesidad de tener una alternativa creativa que no me daba el periodismo, o que el periodismo me daba pero que no me alcanzaba.

Horacio Convertini Entrevista B&N

“…ahí empecé a sentir claramente la necesidad de tener una alternativa creativa que no me daba el periodismo…”.

¿Dónde estabas trabajando?

En ese momento trabajaba en Olé. Empecé como periodista deportivo, pero mi inicio fue en Diario popular, después en El cronista y después en Tele Clic y un poquito en Olé, pero yo buscaba algo más. El periodismo me gusta pero no le encontraba la vuelta creativa. En los ochenta empecé a escribir guiones de historietas porque un compañero de Diario Popular escribía guiones de historieta. Y yo le preguntaba: “¿Cómo hacés?”, a mí me parecía imposible, todo me parecía lejano e imposible, no era alguien que tuviera espíritu aventurero, creía que eso no era para mí, y me encuentro con un pibe común y corriente que me dice que escribe guiones para Columbia. ¿Se acuerdan que publicaba El Tony, Dartagnan, Fantasía…?”. Le pregunto: “¿Cómo se hace?”. Me pasaba en el periodismo, yo leía el diario, compraba revistas y no podía creer que eso lo hiciera gente. Y no me pasaba a los diez años, me pasaba cuando tenía diecisiete, no podía entender que alguien hiciera eso y no lo veía como un horizonte posible.

¿Y cuándo supiste que sí era posible?

Me vine a enterar en quinto año cuando vino un profesor de Geografía y nos contó que dirigía un instituto de periodismo. Vi el folleto y dije “Oia, existe algo llamado periodismo”. Y así me pasaba con todo, vivía con cierta ingenuidad frente a las cosas. Este chico me dice: “Te doy un guion que yo escribí para que te fijes cómo es”. Por otro lado había cierta osadía mía. Pensé: “Si se trata de esto, lo miro y voy a hacer algo parecido”. Y así empecé a escribir una saga de tres capítulos de un detective en Nueva York con todos los lugares comunes de la historieta, pero era lo que Columbia te pedía. Después vino una etapa de mucho trabajo y nunca llegué a presentar esos guiones. Uno de ellos lo terminé convirtiendo en un cuento.

Horacio Convertini - 2723

La biblioteca, que está junto a su escritorio, y la cocina. Los lugares favoritos para escribir.

¿Cuáles eran tus lecturas por entonces?

Para esa época había leído a Chandler, a Vázquez Montalbán. Mis lecturas eran azarosas, no estructuradas ni orientadas según gustos estéticos. Estaban definidas por el valor del libro. Para entonces, años ochenta, no teníamos mucha guita, para nosotros era un lujo comprar un pañal descartable para Daniel, así que compraba en mesa de saldos. Ahí encontré a Simenon porque era barato. En los noventa aposté por estudiar Historia, estudié lentamente en la Uba. Me iba muy bien pero tuve que dejar y seguía buscando canales creativos. En esta casa escribía algunos cuentos que tiraba, y es acá donde empieza un grado de madurez personal, la posibilidad de construir otro perfil aparte del periodístico. Encuentro a un compañero que hacía mucho tiempo que no veía. Me dijo que era director de cine y le pregunto: “¿Cómo se escribe un guión de cine?”. Para mi cumple me regaló un libro que se llama “Cómo escribir un guion de cine”, leí el libro y escribí un guion. Se lo llevé a este amigo y le encantó. Decidimos presentarnos en el Incaa, contactamos a actores que lo leyeron y les gustó: Eugenia Tobal, Juan Palomino. Incluso firmaron las autorizaciones pero no llegamos a nada. Después escribí otro guion y ahí es donde recupero los cuentos, me doy cuenta de que la cosa va por ahí, empiezo a trabajar en la escritura y recién en 2005 me animo a mostrarlo. Creo que allí comienza mi carrera literaria.

Horacio Convertini OJOS - 2655 copy

¿A quién le mostraste tus cuentos?

Al primero que me animo a mostrarle mis cuentos es a un compañero de trabajo, Alejandro Caravario, muy buen periodista y escritor, alguien con autoridad y le di a leer cinco o seis cuentos. Como él participaba en la edición de una revista, me publicó unos cuentos allí.   Más que nunca tenía la necesidad de expresarme. Sentía que en mi trabajo tenía mucha responsabilidad pero más orientada a la organización o planificación y no a lo creativo.

Horacio Convertini 2685

Una de sus últimas lecturas.

¿Dónde estás trabajando?

Te puedo dar un título pero que es nada: Clarín está integrando sus redacciones digitales y de papel. Eso implica una gran reorganización y me propusieron formar parte de la mesa general de edición, que trabaja sobre la edición de los contenidos web como de papel, es un lugar que no existía hasta ahora pero ya está funcionando.   En 2006 empiezo a tomar talleres literarios con Pablo Ramos, a trabajar intensamente lo que escribía y descubro el mundo de los concursos literarios. Un día, un amigo me desasna y empiezo a mandar a concursos… y a ganarlos también.  

Horacio Convertini 2714

“Un día, un amigo me desasna y empiezo a mandar a concursos… y a ganarlos también”.

Ahora sos el campeón de los concursos yo veo en Facebook que todo el mundo comenta “ah, otra vez Convertini se ganó un concurso”. Hace poco fuiste finalista en el premio Dashell Hammet de novela negra, el más importante de habla hispana.  

Es importante, no es un premio en guita pero es muy prestigioso porque te abre las puertas de la publicación en Europa.

Horacio Convertini 2673

La escalera que lleva al primer piso, divide el living del comedor y del escritorio.

Y esto de los premios te llevó a viajar también.

Viajé, y por primera vez me sentí escritor. El primer viaje fue a España, todavía la crisis no estaba instalada, año 2008, y me premian una novela corta que se llama El refuerzo, ganó el accésit, en un premio que se llama Gabriel Sijé, que lo otorga la Caja Mediterránea. El primero lo ganó un colombiano, había guita y me invitaron a Alicante en un hotel con vista al mar, me llevaron a comer, la prensa sacándome fotos, no lo podía creer. Yo ya había viajado por trabajo y por placer varias veces pero ese viaje fue el primero que hice en condición de escritor. Después hubo varios así y son experiencias a las que aún hoy me cuesta acostumbrarme porque siento que todavía no pertenezco al mundo de la literatura, me siento más en el mundo del periodismo y recién ahora me animo a perder un poco el pudor y a no sentirme como un intruso sentado a la mesa de los escritores. Siento que entré por la claraboya, tarde, por casualidad, sin tener una formación académica vinculada a las letras.

Horacio Convertini - 2661

En plena sesión de fotos.

¿Pero de chico te gustaba leer y escribir?

Haciendo memoria, revisando mi historia, encuentro que en la primaria me encantaban las composiciones, por ahí había algo, me gustaba dibujar mucho, un rasgo que comparten mis hijos, dibujaba batallas, jugaba a los soldaditos, construía países pequeños invadidos por países gigantes, todo con rasgos heroicos, que peleaban hasta la muerte. No escribía, pero me gustaba construir universos. Yo estudiaba a la tarde y a la mañana estaba en casa y había horarios en los que no tenía con quién jugar y recuerdo que me iba a la terraza a jugar a los soldaditos o a inventar historias donde yo hacia todos los personajes. Y ahí hay una construcción narrativa. Tal vez hoy pienso cómo no se me ocurrió expresarlo escribiendo, lo actuaba o lo dibujaba, ahora pienso por qué no me funcionó nunca -cuando intenté escribir cine- la escaleta, porque tenia la historia completa en la cabeza. Yo escribo directamente, ni loco hago un plan de novela, no puedo.

Horacio Convertini 2691

El patio, un lugar para sentarse a leer.

¿Usás anécdotas del periodismo en tus novelas?

Sí, escenas, había un ex periodista de Diario Popular que ya falleció del que tomé un rasgo particular y lo utilicé. A un vendedor ambulante lo tomé para un personaje, eso sí, me la paso observando a la gente, la mayoría de la gente que conozco es de las redacciones.

No te digo que los escritores nos van robando la vida…

Sí, soy un gran robador, las personas son el detonante, al vendedor ambulante que sube en el 4 le robé la nariz, tenía una nariz monstruosa y pensaba cómo será vivir con esa nariz y a él lo pongo en una historia en donde la nariz es importante. A mi ex jefe lo puse en un cuento en donde mezclo una experiencia periodística que tuvo y lo voy distorsionando todo hasta convertirlo en una historia policial.

En esta casa tan grande, ¿dónde te gusta escribir?

En el escritorio y también en la cocina. La compu buena me la compraron cuando cumplí cincuenta y la silla me la regalaron mis amigos. Pero yo escribía sobre este escritorio del año noventa y una computadora que me compré con la plata que me pagaron cuando escribí dos fascículos de la historia de los mundiales, esa computadora me duró cantidad de años. Antes me sentaba en una silla de jardín y tenía una mesa de plástico como escritorio. No las quería cambiar porque me iba bien, ¿viste que sigo con los talismanes?, lo que gana no se toca.

Horacio Convertini 2660 copy

El escritorio: muchos libros y una vista estupenda al patio.

Mariel: un día se compró el escritorio para tener todo ordenado, pero no sé para qué, porque sigue amontonando los papeles en desorden.

¿Y tu lugar favorito?

La cocina. Cuando viene gente por ahí planeamos reunirnos en otro lado pero todos se quedan aquí, naturalmente es un lugar donde nos gusta estar. Muchas veces escribo en esta cocina, a la mañana. Cuando viene gente a casa y salimos al patio me siento en esta escalera. En el patio hay poco sol. Mariel se ocupa de las plantas, de mantener los canteros. Ella es la que lleva la organización de toda la familia. Es maestra jardinera, pero dejó y no volvió a trabajar porque se dedicó a la familia. Futbolísticamente sería un “libero”. Ella está en la defensa y yo en el ataque: La verdad es que no podría hacer nada sin ella. Además me tiene que suplantar en mi inutilidad para las cuestiones prácticas.

Horacio Convertini 2650

“Ella (Mariel) está en la defensa y yo en el ataque”.

¿Tenés el gen viajero?

Lo tengo y como todo lo descubrí tarde y por casualidad. Una vez a fines de los setenta se me metió en la cabeza que podía irme a Estados Unidos con un amigo, ni siquiera era un gran amigo, ese chico tenía una tía o una abuela en Estados Unidos y una vez hablamos de la posibilidad de viajar. A mí me encantaba la idea pero nunca lo hicimos y ese deseo de viajar, de irme lejos, quedó stand by por mucho tiempo. En los años noventa, mi primer viaje fue al mundial de Italia. Justamente esto lo comenté en la Feria del Libro, una anécdota de ese viaje a Italia. En esa época yo estaba convencido de que estaba en el punto caramelo de mi carrera periodística y que tenía que ser mi mundial. En Diario Popular tenía pocas chances por las características del diario y estaba también en El cronista, tenía los dos trabajos y en El cronista surge la oportunidad: iban a cubrir el mundial dos periodistas y yo era el segundo en la lista. Yo estaba feliz, me acredité, todo estaba listo y justo ahí contratan a Quique Wolf como la figura. Desde luego, Quique Wolf quedó como número uno y el que estaba número dos, es decir, yo, quedó afuera. Entonces me planteé que no me iba a quedar afuera ni loco. Yo tenía un compañero, un amigo que viajaba a todos lados sin tener un medio fuerte que lo contrate, iba por su cuenta y luego vendía el material, y yo, como siempre, no sabía cómo se hacía, así que le pregunté y me explicó todo y tomé la decisión de hacerlo. Era una época difícil de hiperinflación, pero invertí y le vendí a varios medios, hice arreglos con ellos y pude viajar. La verdad es que no gané pero tampoco perdí plata y estuve en el mundial.

Horacio Convertini 2687

Así fue que conocí el pueblo donde nació mi papá, Cisternino en La Puglia, un pueblo que está en una zona que en algún momento debió ser árida. Se encuentra en una colina y tiene terrazas cultivadas, a media hora del mar, muy hermoso. Siempre cuento esta anécdota: llego a Roma antes del mundial y me llevan al pueblo. Allí me encuentro con que me reciben un montón de viejos que lloraban y se acordaban de cuando mi abuela se había ido, yo no sabía hablar italiano pero ese año había ido unos meses a la Dante Alighieri para poder entender un poco y no sé cómo se me activó algo y me encontré hablando italiano. Me sentía un campeón. Allí conocí a una prima lejana que se llama Palmira, y me preguntó si quería conocer el pueblo, en lo alto de la colina. Así que fuimos en el auto, hicimos como cien metros y nos encontramos con una mujer . La mujer y Palmira empezaron a hablar. Yo veía que hablaban y me miraban, hablaban y me miraban pero no entendía nada porque hablaban en dialecto. Se despidieron y seguimos, dimos unas vueltas, mi prima me contó historias. Mientras bajábamos me cuenta que esa señora con la que hablaba es una vecina que está viviendo en las tierras que eran de mi abuela. Su familia construyó su casa en esas tierras y fueron prosperando. Con mi llegada, tenía miedo de que hubiera venido a a reclamarles las tierras. Yo no tenía ni idea de que había tierras a nombre de mi abuela, tal vez mi bisabuelo las había puesto a nombre de ella por la guerra. En 1910 no tenían ningún valor pero ahora eran ricas. Yo ahí era el patrón, no entendían qué otra cosa iba a hacer si no a reclamar. Entonces les dije que no tenía interés en las tierras que se quedaran tranquilos. Claro que nadie lo podía creer y yo me sentí una especie de Perón, de Gardel, magnánimo, pero en verdad era un boludo de veintinueve años, pero ellos se quedaron chochos. A partir de allí iniciamos un contacto más fluido con esa parte de la familia.

Horacio Convertini 2693

“Cuando viene gente a casa y salimos al patio me siento en esta escalera”.

 

Horacio Convertini - 2695

“El santo”, la otra pasión de Horacio.

¿Qué foto te gustaría sacar?

Una muy sencilla: todos mis afectos (mi esposa, mis hijos, mi familia, mis amigos de siempre) unidos y con la felicidad en foco, cada uno retratado en su estado de mayor plenitud, despejados de los líos de la vida cotidiana. Una foto que no les robe el alma sino que se las devuelva lavada y planchada, lista para usar.

El ojo ajeno Logo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s